A diferencia de casas y edificios, donde existen rociadores automáticos o extintores que pueden sofocar un fuego mucho antes de que se convierta en incendio, las zonas forestales no cuentan con este tipo de sistemas contra fuego. Estos eventos pueden nacer por varias razones: Por una fogata mal apagada, un cigarrillo tirado, que los rayos de sol se intensifiquen gracias a algún instrumento como vidrio roto.

En fin, una vez que comienza, si no es controlado y apagado debidamente, puede arrasar con hectáreas completas de bosques, lo que no solo afecta enormemente el aspecto de la zona, sino que la fauna tarda décadas en volver a poblar el lugar y esto obliga a se desplacen los animales para buscar alimento y refugio.

Métodos de combate

Existen dos métodos para que un cuerpo de bomberos pueda apagar un incendio. Estos buscan  detener su propagación y contenerlo en un área para que puedan ir atacando las llamas paulatinamente.

El método directo para controlar y sofocar un incendio consisten en atacar el fuego con un frente de avance. Se detecta hacia donde se mueve el fuego o “la cabeza del incendio” para que a partir de este punto brigadistas, bomberos y cuerpos auxiliares formen un perímetro y cubran las llamas con tierra lanzada por palas y corten el paso mojando el vegetación de alrededor, para que sea inutilizable como combustible.

Con una fuente de agua constante, este método es muy efectivo y termina de inmediato con las llamas de afuera, para seguir hacia el centro y terminar con el incendio de raíz, Sin embargo, el personal que se integra las filas se ve expuesto a una gran cantidad de humo y calor y sin un control de la zona, el fuego puede terminar rodeando a las personas.

El segundo método se llamado indirecto, el cual busca atrapar el incendio y que, una vez que consuma el combustible que ya ha atrapado, termine por morir. Esta línea no expone al personas cerca de llamas o activos que puedan ser devorados. Se apoyan de los cortafuegos naturales y artificiales en zonas donde el incendio va a llegar pero no encontrará nada que quemar.

Esta medida se toma cuando el calor del fuego y la densidad de humo impiden que el personal trabaje de cerca. O si la topografía del suelo es susceptible a derrumbes o accidentes, la vegetación es demasiado densa o la propagación no podría ser controlada por su rápido desplazamiento.

 

 

 

 

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